La cucaracha filosófica.

tormento

Hoy van unas letras intimistas.

Llegar un día cualquiera al estudio de Pak Frank es sinónimo de ¨neuroexplotar¨; te hace pensar, y eso ya le eleva a quienes le visitan a la altura de los privilegiados. La más mínima excusa circunstancial del momento, es oportuna para arrancar todo un tormento de inquietudes existenciales. Por ejemplo una cucaracha agoniza volteada en las escaleras de la entrada, intentando hasta la extenuación algo tan básico como recuperar su posición inicial para sobrevivir. No sé por qué la Naturaleza falló con el diseño de estos animales, pero el caso es que la muerte le agarra a la pobre cucaracha cuando finalmente extenuada deja de patear, y las hormigas hacen el resto para acabar con el episodio.

..Y ahí puede empezar todo.

En ese momento nos preguntamos cómo un animal tan frágil es de las pocas especies del Planeta que serían capaces de sobrevivir a la bomba atómica. La misma bomba que en los casos de Hiroshima y Nagasaki, posiblemente alteró unos pocos grados el eje de rotación de la Tierra respecto al Sol, lo que puede llegar a explicar muchas cosas respecto a eso otro que entendemos por ¨cambio climático¨.

Ese eje de rotación nos lleva al otro de la traslación, a las órbitas planetarias, a las estaciones metereológicas, y a Saturno. El planeta de los anillos flotantes, los que probablemente estén ahí por una lucha egocéntrica de varios núcelos gravitacionales que tiran entre ellos hacia su poder, pero que ninguno consigue dominar. ..Y los anillos quedan ahí flotando como resultado neutralizado desde una lucha imposible.

¨Lucha imposible¨ es también la del activista social que muchas veces frustrado e incomprendido, sigue un camino solitario por un Mundo mejor por el que él cree y apuesta, pero que a los demás les vale ¨verga¨. Puede ser la ¨Paz¨, la ¨Justicia¨, la ¨Dignidad¨, la ¨Ecología¨ o la ¨Pobreza¨, pero a todos los demás les vale madres porque están ya lobotomizados, atrapados en un sistema sin salida donde ya sólo importa el dinero. Moral de Siglo 21. Y entonces uno se cuestiona si realmente la Antropología debiera revisar hoy el concepto ése del ¨Ser Humano¨ y delimitarlo todavía mucho más. Es oportuno plantearse por qué los pájaros están perfectamente delimitados por tipología y no se les llama a todos ¨pájaro¨, pero sin embargo a todos los habitantes de la Tierra se nos llama ¨hombre¨, o ¨ser humano¨. Yo mismo, en mi caso concreto como pacifista devoto, no me considero perteneciente a la misma especie animal habitante de este Planeta frente a un soldado que viola a mujeres en la guerra, o un abogado que saca a un pederasta de la cárcel, o un mercenario que por encargo mata a un empresario, o incluso un político corrupto que roba del dinero de los  demás. Sin ninguna duda somos diferentes ¨especies¨, y ahí la Antropología falla estrepitosamente. Tal vez quede mucho camino a la hora de definir eso del ¨ser humano¨, de la misma forma en que reconocemos de un vistazo a los canarios, jilgueros, colibríes o golondrinas.

El pájaro nos lleva a la libertad del vuelo; éste nos retrotrae de nuevo al Espacio; ahora aparece el ¨Space Oddity¨ de Bowie; y finalmente éste nos aterriza en el Arte de los 70´s. Ahí brindamos por los excesos eternamente incomprendidos de Jim Morrison o Ian Curtis desde unas sociedades excesivamente moralistas, frente a la injusticia (ahora incomprendida por mí) del exitoso Warhol, que arrancó el camino éste de la ¨superficialidad¨ en el que todos nos hundimos hoy como sociedades vacías, huecas, etéreas, autómatas. Yo personalmente necesitaría una máquina del tiempo que me llevara a esa época y entender cómo este personaje, que hoy su Arte se pone en peluquerías, pudo arrastrar a tanta gente. Le hacemos cirugía precisa a una época histórica probablemente irrepetible de éxtasis creativo a todos los niveles, y aparece el gran Isao Tomita, el otro inmensamente injusticiado padre de la música electrónica que componía auténticas atmósferas oníricas mientras medio mundo se hundía en las drogas del flower-power. …Y entonces concluímos que los japoneses ya son ¨otro pedo¨; allá todavía existe la sensibilidad.

¨Sensibilidad¨, como el valor en extinción que todavía nos pretende hacer humanos y nos distingue de las bestias. Las ¨bestias¨,  las que luchan por la supervivencia en el beneficio de ellas mismas de forma individual, sin importarles el posible perjuicio ocasionado sobre todo lo demás. La ¨individualidad¨, lo que te arrastra a recorrer tu propio camino, sin saber que alguna vez tendrás que cavar también tu propia tumba. ¨Tu tumba¨, el resultado final de tu supervivencia, tu mera justificación existencial. Le dije al Pak que en ese día final en que todo se acabe con nuestro entierro, será la gran diferencia que hoy nos marca entre él y yo: a su funeral asistirán cientos de personas que llenarán su tumba de flores, de las cuales sólo unas pocas, contadas con los dedos de una mano, serán amigos sinceros que recorrieron juntos su vida junto con él hasta el último día. Por el contrario en mi despedida sólo estarán esos mismos 5 amigos del alma, se podrá escuchar mucho mejor la música del órgano, porque a todos los demás ya me encargué yo de hacerles la criba durante el camino. ..Cuestión de principios, los que todavía nos diferencian de las cucarachas, las mismas con las que empezó toda este quebradero neuronal.

cucaracha

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