El lado perverso de la investigación.

investigacion

El axioma ése famoso de “el saber no tiene límites” nos está llevando seguramente al fracaso más estrepitoso como condición humana. El hombre a lo largo de su historia, me imagino que por genética o por lo que quiera Dios que sea, siempre ha querido saber más y más, sin saber que probablemente ese conocimiento adquirido conlleva un componente destructivo también “más y más”. El ejemplo más evidente es el de la investigación científica en el lado de la medicina. Los primeros pasos fueron para curar las enfermedades, y acto seguido para prevenirlas. Una vez dominado ese campo, comenzó la carrera de la perfección de la raza humana: el antienvejecimiento como la búsqueda de la eterna juventud, luego el arreglo y prevención de deformidades físicas o el síndrome de down, posteriormente el control genético para mejorar las razas, y hoy en día se pueden clonar los genes para escoger el sexo de un bebé o hasta incluso sacar una copia idéntica de un ser vivo, sea animal o ser humano. Los más pudientes pueden escoger mascotita al gusto,… y todo empezó con aquellos experimentos de los guisantes verdes y amarillos de Mendel. No sé qué pensarán ustedes, pero honestamente intuyo que la “sobredosis” de investigación genética de nuestros días, nos está marcando un rumbo muy incierto y preocupante como especie humana.

Si extrapolamos este concepto de “investigación mal utilizada” (yo lo llamo autodestrucción), a otros terrenos también muy desarrollados, descubrimos cómo por ejemplo aquellas ansias inocentes de volar de Leonardo Da Vinci se han convertido hoy día en toda una portentosa industria aeroespacial y armamentística. No tengo yo muy claro si el señor Zeppelin, cuando inventó aquel dirigible, imaginó alguna vez que podrían llegar a existir en el futuro aviones drones capaces de bombardear poblaciones civiles por control remoto sin piloto. Esos mismos drones que podrían por ejemplo, llevar comida a poblados en Kenia, o agua a campamentos saharauis. Pero desgraciadamente no están concebidos para esto. …”El saber no tiene límites”. Y la perversión de ese saber ilimitado tiene origen en la obsesión por la investigación, en ese querer saber “más y más”, y en esa aplicación desviada hacia el dominio, control y poder. Ello lleva a perder el rumbo de las cosas, los fundamentos de los orígenes, y la incertidumbre de las trayectorias futuras.

Y cuando la economía falla, la investigación falla junto con ella. Cuando los recursos escasean y las leyes del mercado lo supeditan todo únicamente al “dinero”, al “beneficio”, y a la “rentabilidad”, pues todo ya se desvirtúa hasta límites insospechados de pérdidas de identidad, y los resultados de la “investigación” pueden conseguir que los restaurantes chinos, por ejemplo, vendan arroz con chile en México, porque así venden más que si vendieran la comida china auténtica: la de perro, mono y aleta de tiburón. La “investigación” hace que la Coca-Cola tenga diferentes colores y más azúcar o menos, en función de los gustos del país donde se venda. La fórmula secreta se desvirtúa. La “investigación” consigue producir anabolizantes para triunfar trampeando en el deporte, nicotinas más adictivas para fumadores más compulsivos, celulares más potentes sin importar la radioactividad cerebral,.. todo sirve si al final “vende más”. Y al ritmo que vamos, inventarán dentro de poco la pulserita nuclear capaz de mantener recargada la batería de nuestro cel 24 horas al día, sin importar que por dentro nos esté carcomiendo los huesos del brazo. ..Porque les aseguro que venderá más, porque las investigaciones dirán que es lo que demanda el público: baterías de 24 horas de duración. Lo que importa al final es que obsesivamente hay que conocer los gustos del consumidor, hay que “investigarlo” todo sobre él, sin importar para qué vinimos nosotros al Mundo. Cuando el hombre invente la pinche máquina del tiempo, tendrá la llave para cambiar los rumbos de las historias. Ansias de control y dominio absoluto, bienvenidos a la carrera inhumana del Siglo 21.

Y digo todo esto, porque hoy he asistido unos conversatorios sobre investigaciones museológicas para públicos consumidores de Arte en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM-MUAC en la Ciudad de México. El encuentro honestamente era tremendamente constructivo, y con un mensaje muy marcado, rotundo: “En México se hace mucha investigación cuantitativa, pero hace falta dar el paso hacia la cualitativa”. Es decir: conocemos tráficos y afluencias, pero no sabemos los gustos de toda esa gente. La voz generalizada, unánime, era que los museos mexicanos tienen la tarea pendiente de conocer más los hábitos del público cultural mexicano, de cara a poder ofrecer con mayor rigor el producto cultural que demanda dicho público. No se sabía exactamente si el encuentro entre Museo-espectador debía darse a través del acercamiento del primero sobre el segundo, o viceversa, o los dos a la vez. Lo importante y por encima de todo era que se diera ese acercamiento. En definitiva, generar un producto cultural que tuviese más aceptación entre el público objetivo, que generara más tráfico de visitas, y en definitiva, que “vendiera más”.

Mi impresión personal es que intuyo que ese planteamiento de concebir la Cultura como tal, no es el más adecuado en los tiempos tan salvajes de “pérdida de valores” que vivimos. Si la cuantitativa genera datos de tráficos, la cualtitativa ya se adentra en las entrañas de los gustos y hábitos, una cirugía precisa a nivel neuronal. Todo un peligro. A las pruebas me remito con el desvirtuamiento progresivo hasta el caos más estrepitoso que hemos tenido en España en los últimos años, gracias a la “investigación cualitativa” de los mercados desde los museos, probablemente originada con la llegada del Museo Guggenheim a Bilbao con toda su idiosincrasia americana de entender y gestionar un museo, lo que obligó al hasta entonces “naif” sector museístico español, a ponerse las pilas y convertirse en una “fábrica más” de generar producto. Renovarse o morir, sea al precio que sea. Empezaron las exposiciones de motos de Harley Davidson (en un museo!), y terminaron con las convenciones de reputados cocineros internacionales para la alta cocina mundial (…también en un museo!). La evolución de las “investigaciones” hizo descubrir a un público totalmente alienado por los medios de comunicación, sin rumbo, carente de educación cultural, y sin saber muy bien lo que quería. Fútbol, toros, música, y poco más. Y cuando la crisis explotó y se perdían públicos, pues la única forma de recuperarlos era darles el producto que esas “investigaciones” decían que demandaba la sociedad. Se pierden por tanto los principios más elementales del Museo, y allá atrás quedaron desterrados los orígenes didácticos y el contagio por el enriquecimiento cultural, “misiones” que los habían hecho nacer. Y en una pérdida inconcebible e inaudita de valores, ahora al público se le da lo que concluyen las “investigaciones”. ¿Qué hay que hay que armar una exposición sobre los Rolling Stones o Messi?, pues se arma. ¿Que a los niños les gusta Hello Kitty?, pues les ponemos Hello Kitty. Quita ese Raffaello y pon este Hecce Homo de Borja, que funciona más (…caso único en el Mundo, para una mal-restauración de una obra de Arte que se convirtió en trending topic mundial por la burla de las redes sociales, y que generó ingentes filas de visitantes en un pueblo perdido de Aragón, para ver in situ ese destrozo artístico).

Amateur restoration of 20th century Ecce Homo style fresco depicting face of Christ is seen after Gimenez took it upon herself to restore it in Borja

Las tiendas de los museos se conciben ahora desde los gustos de los públicos, y no desde la función didáctica del Museo. Lo que vende se produce, y lo que no vende se deja de producir. Mi opinión personal, muy distante de lo que hoy se hablaba en el foro del MUAC, es que las investigaciones de públicos y mercados desde los museos son un arma peligrosa con doble filo de manejar, si realmente no se saben controlar para el “límite” que requieren sus conclusiones en el grado de profundidad para el conocimiento cualitativo de esos públicos. Porque se puede correr el riesgo de llegar a ese gusto del público que luego el Museo quiera complacerlo al precio conceptual que sea, incluso si ese público es un ferviente consumidor de telenovelas o fútbol. Nunca los principios de un museo pueden supeditarse a los gustos de un público, para eso ya están los medios de comunicación, que programan sus parrillas de contenidos en función de sus audiencias. El Museo tiene que ser ALGO MÁS que un mero producto al servicio de un público. Tiene que ser básica y primordialmente UNA TENDENCIA, un argumento desde el que arrastrar a sus públicos con el fin de ofrecerles la innovación, el aprendizaje y la diferenciación. Justo lo que no les ofrecen las televisiones. Es la misma eterna controversia para el mundo de la mercadotecnia y la publicidad: ¿la publicidad crea tendencia, o se basa en las modas de consumo que generan los públicos?. Visto desde este punto de vista, entonces sí que entendería como adecuada una labor de investigación de públicos, teniendo en cuenta cómo aplicar los valores del museo para que sean aceptados por los gustos del público. Pero tengan en cuenta ustedes museos mexicanos, que otros ya investigaron antes que ustedes con estas mismas nobles intenciones, y acabaron cayendo en el error de supeditarse a las conclusiones que ofrecían la venta, el beneficio, la rentabilidad y la afluencia de público. Ya he dicho muchas veces que yo era de los que creía que China tenía la gran oportunidad histórica de generar un “buen capitalismo” cuando decidió salirse del comunismo, y una vez aprendiendo los errores que había cometido USA. Pero me equivoqué, porque los chinos están haciendo exactamente lo mismo que antes hicieron los americanos. El error se repite, y vuelven a chocar contra la misma piedra que otros ya chocaron antes. También dije lo mismo para el caso similar de Cuba, y ya estoy viendo que también me estoy equivocando, a tenor de los pasos que está dando la Isla hoy. Y ojalá no me equivoque con lo que voy a decir ahora, pero ustedes los mexicanos tienen la oportunidad de no cometer los mismos errores que antes americanos y españoles ya cometieron en el uso de las investigaciones de mercados aplicadas a los museos. Nacían para contagiar valores, y acabaron supeditadas a los gustos del público. Ustedes tienen la llave ahora para hacer las cosas BIEN. Para no convertir un zeppelín en un dron bombardero. Esto me recuerda a las sabias palabras que dijo hace una semana el Director de Teatro José Luis Gómez: “En España toca ya hablar de suicido cultural. La pujanza del español está ahora ya sólo en manos de los latinoamericanos”. El saber está muy bien, pero con límites muy claros de hasta dónde saber y para qué saber. Decía Albert Einstein: “Cada día sabemos más y entendemos menos”. ¿Queremos un público que aprenda del Museo, o un Museo que aprenda del público?.

MUAC

Documentación:

Largas colas de espera para retratarse junto al Ecce Hommo de Borja:

http://www.diariodejerez.es/article/ocio/1338407/largas/colas/espera/para/retratarse/junto/ecce/homo/borja/la/romeria/pueblo.html

Entrevista a José Luis Gómez:

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/30/actualidad/1430418028_081846.html

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2 thoughts on “El lado perverso de la investigación.

  1. 2 noticias de hoy, 2 meses después, que confirman todo lo que en su día se decía en este post:

    Exposición de los Rolling Stones en la Saatchi Gallery de Londres, y de los Beatles en el Museo Soumaya de la Ciudad de México. A mi entender, esto es un insulto para quien mínimamente se precie como ¨artista¨.

    http://www.abc.es/cultura/arte/20150701/abci-rolling-stones-exposicion-saatchi-201507011100.html

    http://www.eleanorigby.com/la-beatlemania-invade-el-museo-soumaya/

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