Tal vez faltan críticos autodidactas y anónimos.

autodidacta

Hoy una historia de delirios filosóficos.

Me acaba de llegar a mis manos un artículo de esos que te rescata obsesiones adormecidas. El documento en cuestión recoge 10 ejemplos de artistas exitosos que fueron autodidactas en sus profesiones. Es ciertamente oportuno, recoge casos maravillosos como los de Roberto Bolaño, Tarantino o Basquiat, a los que tanto admiro en sus esencias artísticas. Felicito a Cultura Colectiva por esta publicación.

Y digo que rescata esas “obsesiones”, porque yo nunca me había parado a pensar en estas cosas hasta que conocí hace 5 años a mi artista fetiche Pak Frank al que represento. Una de las cosas que más me sorprendió de su enigmática aura es cuando me reconoció que él era autodidacta, y que sólo se presentó a la primera clase del Instituto Nacional de Bellas Artes en Jalisco para no volver allá nunca jamás amén. En ese lugar se dio cuenta de que todas las obras de los estudiantes parecían sacadas del mismo patrón, que todos seguían las directrices que les marcaba la escuela,.. y que definitivamente aquello no era lo suyo. Él quería “CREAR”, y no ser uno más de aquella “civilización de autómatas”. Desde entonces decidió empezar a abrir sus propios caminos hasta donde la vida le quisiera arrastrar.

Ese tipo de cosas obvio no son fáciles de digerir en un Mundo tan metódico y normalista como el de nuestros días, y quisiera extrapolar ahora esta pequeña anécdota al mundo del Arte, y en concreto el de los “críticos eruditos”. Los que son capaces de escribir auténticas verborreas de datos y referencias enciclopédicas cuando hablan sobre una obra de Arte, pero que al final y en la esencia de sus críticas, uno se da cuenta de que nunca dicen nada nuevo. A quién no le ha pasado millones de veces dentro de este sector, tener que enfrentarse a las líneas de alguna crítica para una obra de Arte, que no parecen ser más que el fiel patrón de quien se pone a evocar a Picasso o Manet para evidenciar sibaritismo intelectual, pero que cuando se empieza a separar la paja del grano, uno se encuentra con que tras el discurso sibarita al final queda poco grano. No quisiera desmerecer a los buenos críticos, que haberlo ahylos, y sí quisiera dar un toquecito de atención a quienes se dejan llevar por las críticas de este otro tipo de oradores del “establishment”. No olvidemos que su poder de influencia es muchas veces ilimitado, sobre todo en mercados locales a modos de “pequeños Reinos Taifas”, y hasta en sus voces está muchas veces la divinidad de realzar a un artista o hundirlo en el lodo. ..Así es como empieza a prostituirse el mercado.

Desde este prisma, sé que tal vez muy poca gente va a entender ahora mismo mi postura, pero mi opinión personal a este respecto es que el verdadero “crítico de Arte”, debe ser aquél que desde FUERA DEL CONTEXTO de la obra sometida a la crítica, sepa apreciar en detalle la esencia tanto plástica como conceptual de esa especie de “cadáver” al que somete su cirugía. Los verdaderos críticos de Arte deberían ser gente intelectualmente virginal, autodidactas en su formación, fuera de cualquier academicismo rancio, en continuo y constante auto-aprendizaje social, y sobre todo, totalmente independientes en su opinión: fuera de cualquier sistema paralelo de tasación o de promoción especializada. Gente absolutamente neutral, que no suponga la más mínima influencia en el devenir de una obra artística por el simple hecho de hablar bien o mal sobre ella. Incluso, si me permiten la osadía, LOS CRÍTICOS DEBERÍAN SER GENTE ANÓNIMA. Gente que sin importar su identidad, haga análisis pura y llanamente de esencias limpias, de la elementalidad de la técnica, de las experiencias vitales del artista, del contexto sociológico en que se realiza la obra, de hasta el olor de sus materiales, de intenciones conseguidas, y hasta de intenciones falladas. Y YA ESTÁ!: no importa tanto si sus influencias son picassianas o warholianas, manetianas o bukowskianas, porque entonces se corre el riesgo de caer en la erudición evasiva documentalista, y lo peor de todo: en la esfumación de lo esencial. Y digo precisamente todo esto, porque intuyo que se sabría apreciar mucho mejor el alcance real de un buen y REAL CRÍTICO, si no se atendiera a este tipo de recursos tan “efectistas”. El mercado del Arte tiene aquí una ardua tarea de renovación si realmente quiere evolucionar hacia el PURO ARTE.

Por eso precisamente, y a título totalmente personal (entiéndase así por favor, esté equivocado o no), mi postura siempre es la de intentar no caer en los tecnicismos eruditas, y no dejarme influir por los datos dogmáticos de las enciclopedias. Prefiero muchas veces actuar totalmente de libre en este terreno, autodidacta también yo, y hasta donde pueda, no dejarme influir por los academicismos tan de moda actualmente en este mundo de los críticos de Arte. Mi formación y mi aprendizaje diarios son mi voz, independientemente de que me llamen “crítico” o no. No sé si es difícil de entender lo que quiero decir porque está totalmente fuera de los formalismos actuales, pero aseguro que tampoco es fácil transmitirlo. Lo único que tengo claro es que no por hablar más de Manet, se va a ser mejor crítico que otro que sólo hable de esencias. Yo personalmente me fío más de los autodidactas con buenos fundamentos artísticos a la hora de pedir valoraciones sobre una obra en cuestión. Lo otro ya me lo sé.

 

Fuente:

10 Autodidactas, la escuela no lo es todo:

http://culturacolectiva.com/10-autodidactas-la-escuela-no-lo-es-todo/

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