Dalí inductivo.

dali
Reconozco que plásticamente Dalí no es santo de mi devoción, pero hay que quitarse el sombrero frente al genio. Hoy “El País” publica un artículo a modo de anecdotario con nuevas revelaciones del artista, y comparto por entero lo que dicen desde su entradilla: “Descubrir a estas alturas algo nuevo o poco conocido sobre Salvador Dalí, puede sonar a ciencia ficción. Son decenas y decenas los libros publicados sobre el artista en todo el mundo, y él fue el primero en hablar profusamente de sí mismo en sus abundantes escritos”.

Yo quisiera añadirle hoy una pequeña anecdotita más para los “Dalímaníacos” en cuestión. Conocí hace 3 años a su médico personal en su casa de Port Lligat, quien por cierto sigue vivo a caballo entre Marbella y Estocolmo, su ciudad de origen. Entre las historietas que cuenta por su cercanía al artista durante 15 años, a mí se me quedó muy grabada una en concreto. Cuenta cómo Dalí, con las arcas a rebosar de dinero, era un auténtico usurero a la hora de pagar. En el artículo hablan un poco sobre esto de forma parecida, aunque dándole la vuelta: “Yo pago lo que haga falta para que no me den la lata”. Realmente creo que eso de “dar la lata” suena a la excusa del artista para realmente conservar el “POWER” en sus manos de tener la decisión de pagar o no pagar a quién, con quién y cómo. Su médico lo cuenta de esta forma paralela:

“Dalí nunca me pagaba. Yo tenía que rezar a cada primero de mes para checar los números de mi cuenta, y allí nunca aparecía nada. Pasaban los meses, y todo seguía igual. Cuando ya llevaba 5 meses e imperiosamente necesitaba cobrar, entonces iba donde él y le decía al Maestro que mi situación era insostenible, y que necesitaba ya alguno de los pagos atrasados. Entonces Dalí, en acto de gula-soberbia me decía: “Cómo, eso no puede quedar así”, y mandaba llamar a su mayordomo para que le trajera la chequera. Entonces preguntaba a cuánto ascendía la deuda, y automáticamente sin confirmar nada más, reflejaba la cifra que yo le decía en el cheque, firmaba, y me lo daba. Cumplía a la perfección en este sentido”.

Independientemente de anécdotas y dineros, la conclusión que yo podría sacar de esto es que Dalí tenía tal magnetismo en su personalidad, tal forma de hacerse cuadrar de forma “obnubilada” a quien se le ponía delante, que realmente había que tener muchos huevos y confianza para llegar a pedirle dinero, y tal vez por eso su fama de mal pagador. Algo parecido a lo que por lo visto provocaba también Adolf Hitler a la hora de quien tuviera que mirarle a los ojos de frente. ..Será cosa de los cabrones.

Fuente:
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/16/actualidad/1397641355_651274.html

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