Culpo a mis padres.

pobreza
Culpo a mis padres y a toda su generación, de la Constitución y la Ley Electoral blindadas al servicio de la opresión, que hoy nos estamos tragando como auténtica mierda todos los españoles.

Yo nací en el año 1972, cuando se estaba gestando el tocomocho éste de la “Transición Española”, y mis padres no eran más que unos treintañeros sin problemas para buscar trabajo, y sin conocer motivos aparentes por los que salir a la calle a quejarse. Vivían bien, había trabajo para todos, estaban acomodados y dóciles, y por la trastienda les estaban “colando clavada” a ellos y a todos sus amiguitos, todo el atraco social que hoy estamos viviendo en esta supuesta “Democracia”. En aquellos tiempos yo era un niño, y ellos unos simples jóvenes cegados de ilusiones, que les decían que estaban llamados a ser los “protagonistas de la Transición”, pero que a ellos no les daban títulos nobiliarios que curiosamente no salían publicados en el “BOE”. Hoy mis padres están jubilados y con la misión de la vida ya cumplida, la “Transición” se ha descubierto como la gran estafa que unos pocos se crearon para adueñarse de todo un país, y yo ahora mismo soy un joven puteado que tengo que luchar contra el destino todos los días para no caer al pozo de la pobreza en este país. Yo, y todos mis amigos. Mis padres no lucharon cuando tuvieron que hacerlo por mí, y hoy somos los de mi generación los que pagamos las consecuencias de aquella desidia.

Es lo malo de las leyes intergeneracionales, que obligan intelectualmente a planificar la vida con vistas hacia los hijos, y que desgraciadamente son muy pocos en este país los que tienen la capacidad de pararse en el camino hacia el esfuerzo de “pensar”. A las pruebas me remito para lo que está pasando hoy en España, donde los padres de hoy siguen acojonados y encerrados en sus casas por miedo a perderlas, y donde sólo unos pocos, los que ya no tienen nada más que perder porque lo han perdido todo, están teniendo el coraje de salir a la calle a luchar. Salen porque han perdido lo suyo, y cuando lo recuperan, se vuelven a sus casitas con los deberes cumplidos, y que sean otros los que salgan ahora, porque ellos ya lo han conseguido. Así han pasado por la calles de Madrid los mineros, bomberos, policías, jueces, maestros, agricultores,… y todo un sinfín de gremios profesionales que se quejan cuando les tocan el bolsillo en forma de “ERE”, y que vuelven de nuevo a la obediencia cuando ya les recomponen sus cosas. Para ser felices como mis padres en sus años treintañeros. Dios mío!, si el Che Guevara se quejaba de la falta de implicación de los guerrilleros angoleños, no quiero ni pensar qué hubiese dicho si se diese una vueltecita estos días por España.

La conclusión más ruin y dolorosa de todo esto, es que mi gran preocupación por este país ya no es realmente por lo que esté pasando ahora, sino por lo que preveo que les viene dentro de unos años a nuestros jóvenes de hoy. Porque a mis padres se les puede excusar que no lucharan porque realmente fueron estafados en sus años. PERO HOY!!!, sabiendo todo lo que sabemos, es un auténtico pecado imperdonable para todos nosotros, seguir pensando únicamente en defender nuestras casitas y nuestro trabajito, olvidándonos de que somos ante todo UN PAÍS: una mierda de país dividido que amenaza conflicto civil, y que nos hará ver caer como moscas a nuestros hijos en el campo de batalla. Entonces nos arrepentiremos de no haber hecho HOY, lo que teníamos que estar haciendo AHORA.

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