No veo indígenas en la Cumbre Iberoamericana.

misioneros
(FOTO: Misioneros Dominicos en el Perú).

Estos días se reúnen en la Cumbre Iberoamericana de Panamá nuestros flamantes representantes de España y América Latina (a excepción de los 9 países que han pasado de toda esta mamada, que son Venezuela, Brasil, Cuba, Bolivia, Guatemala, Uruguay, Chile, Argentina y Ecuador). Allá se ve estos días a muchos politicuchos vestidos de guayabera, traje y corbata, pero ni una sola pluma y ni tampoco una sola cara pintada. Mal van este tipo de reuniones tan excluyentes y elitistas, si simplemente se olvidan de las raíces que los trajeron hasta aquí. De momento ya han acordado celebrarla cada dos años porque nadie quiere asumir sus costes, y me temo que el final a medio plazo ya está anunciado.

La primera conclusión dolorosa que extraigo cada vez que hablo de las comunidades indígenas en América Latina, es que todas las sociedades contemporáneas de este continente somos hoy en cierto modo “malinches”, traidores a unas raíces culturales que de cierta forma todos pertenecemos a ellas. De lógica es pensar así, si fuéramos conscientes de que antes de llegar las flotas de Cristóbal Colón al continente, todos eran indígenas en esta parte del Mundo. Seamos mexicanos, argentinos, colombianos o brasileños, todos provenimos de aquellos antepasados, y debería ser nuestra obligación moral cuidarlos y protegerlos, mucho antes que expoliarlos. La indiferencia ante las atrocidades que se cometen hoy contra ellos, nos convierte en villanos cómplices de todo esto. Veneramos a los de las guayaberas, sin acordarnos que ellos tienen también sus raíces indígenas.

Esta es la razón fundamental por la que me sensibiliza tanto tantísimo este tema. Mi primer contacto con el mundo de los indígenas fue hace 8 años, cuando tuve el privilegio de conocer al Maestro Miguel Ángel Estrella, pianista argentino con descendencia libanesa y luchador por los Derechos Humanos en el Mundo, hoy a través de su título de Embajador de Buena Voluntad por la Unesco, y antes con su piano y su voz contra la Dictadura Militar de Jorge Rafael Videla en la Argentina. Ahí aprendí de su proyecto “La Voz de los Sin Voz” que llevó a la Unesco, a través de grupos musicales indígenas de toda América Latina, que fomentaban en París una forma de vida basada en el respeto a las culturas del Mundo, y la cohabitación entre todas ellas. A partir de ahí, me empecé a documentar más profundamente sobre el tema en internet, y viví mis propias experiencias en campos aborígenes y guajiros de Camagüey (Cuba), o en Guerrero (México). Viví en primera persona durante 5 años la miseria en la que viven estas gentes, viviendo con puercos en las casas, sin luz ni agua potable, pariendo en chozas de madera, labrando sus tierras para alimentarse, viviendo en la más absoluta discriminación social, y acercándose a la “modernidad” únicamente a vender sus productos artesanales que les ayudara en su instinto de supervivencia. Los niños cazando tarántulas para asarlas y comer, y hasta mujeres amamantando monos que luego servirían de posterior alimento también.

Hoy es el día en que la voracidad insaciable del capitalismo necesita sus tierras, bien para plantaciones de coca (ína), bien para la extracción de recursos energéticos, o bien para conexiones de transporte. No se están respetando absolutamente ninguno de los tratados internacionales, que hay firmados en defensa y protección de todas estas huellas culturales tan nuestras, y hasta los propios indígenas se debaten hoy entre la lucha armada por defender las tierras que consideran suyas, o directamente el suicidio por impotencia, como empieza a pasar en comunidades indígenas de Brasil.

Tengo la fortuna inmensa de haber tenido un destino en la vida, que me haya dado la oportunidad de conocer a misioneros religiosos españoles entregando sus vidas por estos indígenas en Perú, Colombia, México o Cuba. Gente que merecen monumentos a la constancia y la sensibilización por la justicia de los “injusticiados”, y que todavía valoran más la felicidad de las relaciones humanas y las ciencias naturistas ancestrales, mucho antes que el dinero y la opulencia que todo lo arrasa allá por donde pasa. Porque no tengamos ninguna duda, de que todo lo que hoy somos y hemos aprendido, lo hemos hecho desde la evolución del conocimiento que ellos nos dieron antes. Hoy no habrían las medicinas que hay, ni la comida que hay, ni la música que hay, ni la ropa que hay en toda América Latina, si antes ellos no hubiesen simplemente existido. Y querer borrarlos ahora de un plumazo, como parece que pretenden las políticas de las llamadas “Democracias” en el continente, significaría perder todas esas huellas de las que nos valemos para saber quiénes somos hoy, y qué rumbo nos estamos marcando para el mañana. Y el día que perdamos este rumbo, no seremos más que una civilización a la deriva, perdida en principios, y con riesgo claro de extinción. Al que no le importe nada de todo esto, yo casi le recomendaría que mejor no tuviese hijos. Al que sí le importe, le aviso que ya estamos preparando una colectiva de conciencia social sobre todo este tema a través de nuestra Social Factory de Guadalajara Jalisco. Querer es poder.

Para terminar, quisiera recomendar este “documentalito” breve de 18 minutos de duración que pongo a continuación, donde creo que se recoge a la perfección todo lo que estoy intentando transmitir. Pertenece a la Asociación “Azul y Verde” para la protección de los derechos indígenas en Guatemala. Afortunadamente, en YouTube hay a la vez muchos vídeos similares a éste, para quien quiera profundizar en la materia si le interesa:

Documentación:
Indígenas brasileños se suicidan por el robo de sus tierras:
http://www.telesurtv.net/articulos/2013/10/14/decenas-de-indigenas-brasilenos-se-suicidan-cada-ano-por-el-robo-de-sus-tierras-2403.html/#mediabox

Miguel Ángel Estrella:
http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_%C3%81ngel_Estrella

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5 thoughts on “No veo indígenas en la Cumbre Iberoamericana.

  1. Cito tus palabras:

    “De lógica es pensar así, si fuéramos conscientes de que antes de llegar las flotas de Cristóbal Colón al continente, todos eran indígenas en esta parte del Mundo. Seamos mexicanos, argentinos, colombianos o brasileños, todos provenimos de aquellos antepasados, y debería ser nuestra obligación moral cuidarlos y protegerlos, mucho antes que expoliarlos. La indiferencia ante las atrocidades que se cometen hoy contra ellos, nos convierte en villanos cómplices de todo esto. Veneramos a los de las guayaberas, sin acordarnos que ellos tienen también sus raíces indígenas.”

    Cité este texto para señalar la diferencia abismal que existe entre este punto de vista, y lo que citaste en un artículo anterior sobre una reflexión de Galeano, y que fue motivo de discusión; pues una cosa es que en la actualidad no se atienda como se debe los problemas del indígena en América Latina (una triste realidad), y otra, muy pero muy distinta es que haya un tipo tan payaso y remedo de erudito como Eduardo Galeano, hablando pestes de la colonización europea de hace 500 años, como si hoy en día todos nosotros, ladinos o indígenas por igual, no fuéramos producto de eso. Esa es nuestra identidad, y a eso me refería precisamente.

    Saludos, interesante blog.

    1. Alfonso, no sé si estás intentando buscar las cosquillas, o simple destrucción sin argumento. Si algo puedo sacar a relucir con orgullo es la unidad de criterio siempre y la fidelidad a mis principios (incluso sin intentar imponerla). Si a tí te parece que hay una “diferencia abismal” entre las cosas que digo, te pido por favor que pongas entonces la cita con respecto a esa “otra cosa que cité” de Galeano que dices, porque si sólo pones una cita y callas la otra, es muy fácil hacer el jueguito de las ambigüedades, y que no hace más que evidenciar que pareces escribir con ánimo destructivo. Así que te pido por favor que remates tu comentario con “la parte falta”, y así podremos los demás evidenciar si tu crítica se hace con criterio, si has podido sufrir algún malentendido que entonces lo aclararía, o hasta en el peor de los casos, si sólo te lleva el ánimo destructivo para decir lo que dices. Saludos.

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