El Vargas Llosa que nos hemos perdido todos.

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Hoy una literaturita de las buenas. Me duele estar hablando de Mario Vargas Llosa porque no es santo de mi devoción, pero hoy me toca comerme el orgullo, bajarme del privilegiado banco de los emputados, y reconocer al César lo que es del César.

Acabo de devorarme su obra “Diccionario del amante de América Latina” que publicó en el año 2005. Reconozco que es el primer libro que leo de Vargas Llosa, aunque hasta hoy ya había leído innumerables artículos periodísticos suyos, y visto en la televisión muchas de las entrevistas personales que le han hecho. La primera reacción en bruto que saco de esta lectura es un profundo “SHOCK” intelectual, una auténtica cascada de aprendizajes oportunos sobre las tradiciones históricas arraigadas que conforman mi querido continente de América Latina. El libro es un hermoso compendio de sus vivencias filosóficas con grandes maestros de la cultura mundial en sus etapas de París, Barcelona o el Distrito Federal en México. Es también un profundo “dogma de fe” para todos aquellos que deseen iniciarse en el detalle de las culturas indígenas de todo el continente, atrapando definitivamente en el amor a quienes defendemos a la Amazonia, los cholos, los imperios Inca, Maya o Azteca, o el cóndor que a todos los unifica.

Habla de Pintura con el conocimiento de un maestro, de Culturas y Pueblos como un Filósofo, y de Literatura como un simple Dios que todo lo domina de la pluma. El libro es intelectualmente hablando un “éxtasis”, tanto en la narrativa costumbrista a la hora de describir sus experiencias, como en la conceptualidad tecnicista a la hora de defender sus argumentos. Si algo me queda claro tras leer sus 407 páginas, es que Vargas Llosa ha vivido mucho. El don del poder recoger todo lo que recoge este libro, está sólo al alcance de los que han pisado muchas calles y han conocido a mucha gente. Ese mérito se lo va a llevar ya a la tumba el cabrón, porque nadie se lo va a poder quitar en los años que le queden de vida. Mis respetos a tanta intelectualidad.

Hasta aquí, todo lo bonito. Ahora voy con el Vargas Llosa “político”, que es el que nunca aguantaré, y el que tristemente tengo claro que nunca compartiré. Sus devaneos ideológicos son incluso reconocidos por el propio Mario, que llega a admitir que el caso de Cuba le desconcierta. Es capaz de alabar a Fidel Castro en sus principios, pero luego ataca indiscriminadamente sus formas, lo que le hace evidenciar que a veces olvida que los efectos vienen siempre de una causa: el Bloqueo lo pasa de “puntillitas” siempre. Reconoce a la vez y de forma abierta y sin pudor, sus favoritismos neoliberales a la hora de concebir el progreso de las economías ligado al concepto de la “competencia” entre los elegidos, lo que le desacredita como un descalabro para hablar del “Bien Común” en las sociedades que tanto ama. Afirmo con seguridad que no se puede amar viendo sufrir. Y personalmente creo que su orgullo ideológico le puede a su amor intrínseco que le intuyo como buena persona: no se puede ningunear a García Márquez como lo hace en este libro. Tenía una oportunidad de oro para hacer brillar a la caballerosidad intrínseca de los “grandes”, pero con mucho dolor descubro que una vez más, se queda a medio camino. Querer siempre significará “poder”.

Por todo ello, hoy quería pararme en la vorágine del día a día cruel, y reflexionar con café y cigarro sobre el Maestro Vargas Llosa. Desconozco si este libro que acabo de destripar sea su mejor obra biográfica y conceptual, esto lo averiguaré a partir de ahora a través del tiempo. Pero lo que sí me queda claro es que con esta obra, he descubierto a un grandísimo intelectual de nuestro Siglo 20 que nos hemos perdido, y que de forma preocupada, extraigo la conclusión incomprendida de que él mismo se ha podido desaprovechar, para poder liderar y encaminar con garantías este Siglo 21 tan incierto que estamos empezando. Los mortales que tenemos que buscar la luz-guía en nuestra generación, no lo hemos podido disfrutar en todo su potencial. Y muchísimas veces pienso que Mandela no habrá sido suficiente para todo lo que necesitamos. Vargas Llosa podía, y debía, haber estado a su altura.

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3 thoughts on “El Vargas Llosa que nos hemos perdido todos.

  1. Me parece un autor al que le gusta ser el foco de atención, pero como bien decías: “al César lo que es del César”. Nadie puede negar su talento indiscutible en la literatura, es sin duda el más intelectual de todos los grandes escritores hispanoamericanos del Siglo XX y aún de nuestros tiempos.

    Si querés dejarte sorprender más por él, te recomiendo leer “La verdad de las mentiras”, y te darás cuenta que la intelectualidad con cierto matiz de erudicción de la que fuiste testigo en “Diccionario del amante de América Latina”, no fue pura suerte, sino que el tipo es en realidad bueno.

    Su gran valor no se limita al ensayo. Su novela, La Fiesta del Chivo, es una obra maestra de la narrativa hispanoamericana, el vivo reflejo, no sólo de República Dominicana, sino de la América Latina del Siglo XX.

    Saludos cordiales,

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